Una historia inolvidable

Una historia inolvidable

Una historia inolvidable
23 January, 2018
Al escribir Natica me ocurrió algo curioso, es una novela histórica basada en un hecho real y, por supuesto, empecé a escribirla mirando al pasado, donde ella estaba; pero sin dejar de mirar el futuro, porque así era el carácter de esta mujer.
E intenté volver de carne las palabras, quería que el lector/a tuviera una conexión directa con la historia y pudiera llegar a escuchar las voces de los personajes como las oía yo; el guitarreo del reloj de la plaza de Las Tendillas al dar la hora; el olor de la sierra cordobesa y sus patios brotados de rosas, damas de noches y jazmines como los olía yo; saborear el guiso del rabo de toro, mientras todos ellos contaban al oído de esta escritora las peripecias ocurridas.
La personalidad vital de Natica me ha permitido ver el mundo a través de ella, su sensualidad exquisita, sus sentimientos apasionados, he sentido el mismo horror ante aquella sociedad restrictiva, que después de tanto sufrimiento soportado en la Guerra Civil, se volvió mansa por el miedo. Natica me ha mostrado lo mudables que pueden llegar a ser las ideas, la fragilidad de su inconsistencia, la distorsión que pueden originar en la verdad y en la justicia a favor de bienes particulares. Ella me ha enseñado a pensar por mí misma.
Pretendo generar empatía entre la historia y el lector/a, y mostrar con realismo, por ejemplo, al burro que utilizaba el padre de Natica para transportar el picón desde la sierra a Córdoba, Mioreja, y a ese insecto impertinente que le entraba a beber en un ojo cada día, o el amor que el Tío Papeles profesaba a Natica, su sobrina del alma. O ese padre que tuvo que reprimir sus sentimientos ante una presión social injusta.
Pretendo abducir al lector/a a los años de la Guerra Civil, que oiga los disparos, que contemple el cimbreo de las estrellas en el campo, que vea al General Varela al mando de un pelotón de fusilamiento a punto de descargar sobre gente inocente. Desearía que ese lector/a llegase a desorientarse de sus circunstancias y fuese abducido a un rincón de la escena, a salvo, aprendiendo de otras vidas, descubriendo esa historia compartida, que podría ser la de sus antepasados.
Aspiro a llenar al lector/a de imágenes sensoriales, de que ría, llore, disfrute de la literatura, se emocione, juzgue y que llegue a conocer, más profundamente, parte de nuestra historia más reciente. Y deseo que cuando termine de leer Natica, se sienta una persona diferente, mejor, que se despida de todos los personajes como si lo hiciera de amigos íntimos y entrañables, que le hayan sido adictivos, que sea una historia inolvidable.
Lola Fernández Estévez

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