Artesano

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Artesano
16 January, 2018

Solo soy un artesano. No más que el humilde alfarero que acaricia el barro y en su torno crea el recinto del hueco perfecto. No más que un herrero que, a base de golpes, forma la celosía que asombra al paseante. No más que el ebanista de cuyas manos nace el bargueño, con sus infinitos cajones, armarios y secretos. Como cualquiera de ellos, tengo en mis manos el destino de mis obras, y ellas se amoldan a mí como yo a ellas.

Mis herramientas ahora son más sencillas. No necesito un torno ni una fragua ni una gubia. Mi herramienta es una simple pluma y un poco de tinta. Pero también la manejan mis manos y mi mente. Y de ellas nace la obra. Y tengo el poder. Soy como un loco dios que puedo convertir la sábana de lino en el cáliz de la noche de boda o en el helado sudario de la muerte. Puedo dar vida y quitarla a mi antojo. Puedo crear tempestades y calmas. Puedo lanzar las flechas de Cupido y jugar con el amor y el dolor. Puedo hacer nacer y puedo hacer morir. Puedo subir a la más alta montaña o descender a la más profunda sima. Puedo crear a la más dulce de las novias o al más desalmado de los asesinos, de la misma manera que el alfarero puede hacer un delicado plato o una basta jarra, o un herrero la más bella de los camas o la más mortífera espada.

Solo soy un artesano y, como a todo artesano, muchas veces las obras se me resisten o se apoderan de mí, y entonces  salen solas. Y como artesano, no sé de qué depende. Simplemente pasa y yo dejo que pase. Por eso, porque solo soy un artesano y no entiendo más que mi oficio.

De la misma manera que un alfarero no tornea un plato sino toda la vida que se desarrolla a su alrededor y sin él no existiría. De la misma forma que un tejedor no teje hilos, sino todo el amor, el cansancio y la muerte que cubre, yo tejo letras. Y en el infinito tejido de mi telar nacen mundos y amores, y amistades, y odios y muerte. Y me gusta. Me gusta ver cómo crece el entrelazado de cada una de  mis obras, como al alfarero le gusta ver cómo se levanta en el torno la vasija, aunque a veces se caiga y haya que empezar de nuevo. Pero, al fin y al cabo, solo soy un artesano y por eso vuelvo a coger la peya de barro, mojo mis manos con agua y comienzo otra vez, y otra y otra más. Las que hagan falta, porque, al fin y al cabo, en cada una de mis rejas, en cada una de mis vasijas, en cada uno de mis pliegues de lino habita una parte de mi alma y de mi corazón. Y me encanta. Por eso.  Porque soy un artesano.


Luis Gonzalvo. Autor de "Piedra Viva"

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