De la imaginación a la escritura

De la imaginación a la escritura
1 April, 2017

El Nectar de los Dioses I 


   Algunos de nosotros vivimos dos vidas: la real y la imaginaria; o imaginarias, porque los hay que tenemos más de una. Yo soy de esas personas. Desde pequeña, siempre he creado mundos en mi mente, algunos más fantásticos que otros. Y cuando se tiene la cabeza llena de mundos, de personajes y de historias, esas historias quieren salir.

   

    Pero es ahí donde empezaban los problemas, por lo menos para mi. Porque una cosa es que lo que imagines todo en technicolor y con sonido dolby, y otra muy distinta el hacerlo con palabras. Estás escribiendo y la historia sigue sin ti, sin que haya manera de alcanzarla. Estás describiendo y todo parece tan obvio que te olvidas de los detalles que tu público necesita para volar contigo. O das demasiados porque quieres compartirlo absolutamente todo con unos lectores que ya tienen su propia imaginación y sus propias ideas.

   

    Total, que después de escribir cuentos a diestro y siniestro en mi infancia, decidí pasarme a la poesía y las canciones de cantautor en mi tardía adolescencia, e incluso eso lo acabé dejando. Al fin y al cabo, había tanta gente que escribía mucho mejor que yo y nunca conseguía publicar que, ¿para qué intentar algo que, así pensaba, nunca me sería dado? Por no hablar de la presión que supone el tener que inventarse algo nuevo una y otra vez.

   

    No, la escritura nunca sería lo mío, eso lo tenía claro. De modo que simplemente continué soñando despierta y leyendo vorazmente; y si alguna vez me picaban las manos para ponerme a escribir, me distraía con alguno de mis muchos hobbies; que el que no se consuela es porque no quiere.

   

    Un día, un amigo mío, que es pintor, me comentó que quería crear un libro ilustrado para adultos, donde los dibujos fuesen igual de importantes que el texto. A mi me salió sin siquiera reflexionar antes: “¿puedo escribirlo yo?” Aparentemente, la atracción de la escritura era mucho mayor de lo que había pensado. Resumiendo, empecé a escribir, fui formando un plan a medida que creaba la historia, y terminé con una mini-novelita de ciento-pocas páginas. Mi amigo acabó por decidir que sus capacidades de dibujante no eran suficientes para la tarea, de modo que la tuve que ilustrar yo y también la tuve que publicar yo, o por lo menos eso decidí, porque no pensaba que a nadie le fuese a importar mi librito.

   

    Con toda la ilusión del mundo, encargué unos ejemplares, ni me acuerdo de cuantos, y los intenté vender sin demasiado éxito. Pero a las personas que lo leyeron les gustó y eso me motivó a escribir dos continuaciones de la historia. Me divertí de lo lindo haciéndolo, hasta que al empezar la cuarta me di cuenta de que se me habían secado las ideas. O más bien, había dejado de creer en mi propias capacidades. ¿Qué tenía que decir yo que no hubieran dicho cientos de autores antes, y mucho mejor? Además, igualmente nunca iba a ser capaz de escribir una novela “como Dios manda”, es decir, con un número decente de páginas. En fin, que lo volví a dejar, pensando que fue una aventura bonita mientras duró y que era hora de volver a lo mío.

   

    Pero la vida tiene una característica muy interesante, que es que si realmente estás hecho para algo, te va a presentar oportunidades para hacerlo hasta que aceptes. Creedme, no es la primera vez que me pasa. Mi “milagro” ocurrió gracias a unos alumnos a los que encargué, como ejercicio de lengua e imaginación, crear un concepto para una novela juvenil. Habíamos leído y comentado varias, de modo que pensé que podrían, pero no. Lo único que se les ocurrió fue una idea de gemelos siameses que no se conocían. Su infructuosa lucha por encontrar ideas resultó en mi epifanía, como preguntas que tenían que hacerse, ¿cuál es el contexto de la historia? y ¿cuál es la motivación de los personajes? Preguntas que ni yo misma me había hecho nunca.

   

    En la siguiente lección, empezamos a responder a esas preguntas juntos y de esa actividad salió un concepto. Reflexionar sobre ello me llevó a decidir que quería escribir la historia y que esta vez lo haría bien. Me puse a ello a fondo y pronto comprendí que no era una historia que se pudiera contar en sólo un libro: iban a ser tres. De golpe, sin haber pensado que fuera a pasar nunca, me transformé en alguien capaz de escribir tres novelas completas y totalmente conectadas.

   

    ¿Por qué? Muy sencillo: porque creí en mi idea. Creí que lo que quería transmitir era lo suficientemente importante como para sobreponerme a todos mis temores e inseguridades. Y que conste que no fue todo coser y cantar. No recuerdo cuántas veces sentí que era mejor dejarlo, que no iba a ir a ninguna parte. La única diferencia es que mi empuje fue más fuerte que mis frenos.

    

    Y entonces, volvió a ocurrir un milagro. Ya había auto publicado dos de mis libros, y no veía por dónde seguir. Pero el verano pasado, le pasé mi libro a un amigo y él se lo pasó a Ángeles.



    Y aquí lo tenéis, publicado “de verdad” por una editorial valiente y con principios. Lo mejor que nos podría haber pasado a mi libro y a mi como escritora.


    De modo que si has llegado hasta aquí, recuerda: si la vida te empuja a hacer algo, hazlo. Algo, alguien o tu propio subconsciente te está guiando a lo “tuyo”. Que eso sea tu motivación para arriesgarte.



    Anna López Dekker 


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Tus comentarios
Tricia Ross
02/04/2017
¡Vaya! No sabes lo identificada que me he sentido al leer estas palabras. Cuando nos sentimos así siempre parece que somos los únicos, ayuda ver que no y también saber que se puede encontrar el camino. Gracias
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